Eclipse… ¿lunar o de consciencia? Escrito por el quimico Raul Nieto Camacho

Sirva para recordar la importancia de aprender a vivir concientemente.

El siguiente escrito titulado “Eclipse” nos permite asombrarnos y analizar no únicamente lo maravilloso que es el mundo en el que nos encontramos sino la forma como decidimos vivir nuestras propias vidas. Es tan cierto lo que declara provocando que pongamos suficiente atención a nuestros actos, mismos que convertimos en hábitos cuando éstos ya se han formado sin darnos cuenta cómo llegó a suceder.

¿Quién recuerda cómo ocurre un eclipse?, ¿qué es un eclipse?, ¿por qué recibe ese nombre?… tantas y tantas preguntas que pueden surgir al poner nuestra atención a este fenómeno natural que alguna vez en nuestra vida hemos presenciado. Sin embargo, tal título, “Eclipse” podría referirse no solo a un eclipse lunar sino también a un eclipse de nuestra conciencia, en otras palabras, un oscurecimiento de nuestra capacidad de observar-nos, que como seres humanos portamos y que tal oscurecimiento nos impide manifestar un alto grado de interés y asombro por la naturaleza, esa esencia del lugar que habitamos, del mundo en que vivimos, de todo lo que hace posible la presencia de la vida y la existencia de lo innanimado.

ECLIPSE

 

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Esa noche recordó que habían anunciado el último eclipse lunar del año, subió a la azotea y la luna era brillante y su círculo era completo, la contempló por un momento, se percibían claramente las sombras de sus cráteres al igual que quizás a toda la humanidad.

La luna ha ejercido un influjo mágico, encantador, misterioso y romántico. En las mitologías representa deidades, se le relaciona con la licantropía, ejerce un control climatológico en nuestro planeta y solo es el único suelo pisado fuera de la tierra, la luna pues es mágica y continúa ejerciendo un efecto en nosotros cuando eventualmente volteamos los ojos hacia ella.

El espectáculo aun no empezaba de manera que pensó “regresaré más tarde”. Sería la una de la mañana cuando volvió a su punto de observación, la noche era fría como corresponde a esa época del año y el eclipse había empezado, apenas se percibía una discreta sombra en el satélite pero fue suficiente para quedar cautivado con ese espectáculo, ¿acaso lo era? ¿un espectáculo? Mientras se sentaba en una cómoda silla y envuelto en una frazada consideró si en épocas prehistóricas o prehispánicas o aun en los tiempos actuales la gente ignorante lo tomaría como un castigo divino, una señal de mal agüero, un mal presagio, un castigo para la humanidad. Él mismo no lo había pensado, estamos tan enajenados por la tecnología actual que hemos perdido la capacidad de asombro o de análisis, la gran mayoría ya no reflexiona , dejamos que los hechos vayan pasando, que alguien nos informe, que nos den todo digerido, que solo nos alimenten con lo que conviene a los intereses de la globalización y vamos perdiendo si no es que ya lo hemos perdido la capacidad de raciocinio. El cielo era claro y despejado, se notaban algunas constelaciones, en los libros y quizás en la visita a algún planetario aprendió los nombres de unas cuantas, la de orión, la osa mayor y se veían las tres estrellas alineadas que desde pequeño le habían comentado que eran los reyes magos, brillantes y prometedoras de regalos, recordó que al no haber otra distracción en su natal provincia sobre todo al caer la noche le gustaba ver las estrellas y dejaba que su mente divagara de manera despreocupada, recordó que eso le causaba una sensación de felicidad y paz, sensación que tuvo en ese momento.

Cuánto hemos ganado con los avances tecnológicos, las comodidades y el confort que hemos adquirido, pero también cuanto hemos perdido, desde luego vamos ganando en la batalla contra las enfermedades, hemos eliminado paulatinamente a todos aquellos “depredadores” que nos hacen daño, hemos modificado nuestro entorno, hemos desecado ríos y lagunas, hemos en resumen modificado al planeta y de las grandes pérdidas es la del asombro. Las azoteas del vecindario estaban vacías, ni una sola persona en la calle, cuántos de los millones que viven en esta orbe voltearían al cielo?, ¿cuántos de estos se sorprenderían? y ¿cuántos de ellos reflexionarían? Eso es lo que hemos perdido.

Llegó el momento en que la luna quedó totalmente oculta por la sombra de la tierra, como un velo tenue, las estrellas que se encontraban en su entorno fueron apareciendo, un eventual cometa cursó la bóveda celeste, la sensación interior era fabulosa, el cielo y sobre todo la luna le confería a la atmósfera imágenes de otro planeta, la luna sombreada de color rojiza bien se podría confundir con Marte que en lugar de cráteres tenía canales. Cuan pequeños somos, motitas de polvo en el espacio infinito como alguna vez lo escribiera H.G. Wells con insignificantes preocupaciones de nuestra insignificante fracción de tiempo en el infinito.

¿Desalentado? No, solo reflexivo… siendo los humanos tan pequeños el gran hacedor nos confirió capacidad de asombro, capacidad de discernir, de tratar de entender de qué se trata nuestro mínimo paso por esta vida, ¿cuál es nuestro objetivo si es que lo hubiese de nuestra existencia? Quizás solo se trate de buscar las respuestas y tal vez estas se encuentren dentro de nosotros mismos. La luna seguía eclipsada, cerró los ojos con tranquilidad ya que sabría que la luna no era devorada por algún gigante, la luna iniciaría como cada mes otro ciclo lunar.

ECLIPSE

Autor Mexicano: Químico Raul Nieto Camacho.

Si al terminar de leer este enriquecedor escrito comienzas a cuestionarte cómo fuiste capaz de permanecer tanto tiempo “dormido” ante el milagro de estar vivo significa que has despertado para comenzar a vivir dejando tu huella en este mundo con el principio y finalidad de que éste sea mejor para los demás que vendrán y por supuesto para los que ya están.

Son nuestras capacidades de permanecer siempre presentes y conscientes las que nos permitirán elegir no solo lo mejor para nosotros mismos sino para los demás.

Que tu día sea extraordinario.

Con-ciencia Química.

Número de valencia y la ley del octeto en átomos y iones

 Un átomo es capaz de unirse a otro cuando tiene numero de valencia

 

¿Cómo se encuentran mis queridos lectores?. Deseando que este día conserven el entusiasmo y voluntad de aprender nuevo conocimiento que los acerque cada vez más a sus metas,  les comparto la siguiente información que es la transcripción de la explicación contenida en el vidéo de arriba.

Es necesario que escuchen y atiendan concentradamente la explicación contenida en el presente vidéo, seguramente encontrarán un detalle importante que es necesario corregir. Fué así que dentro de la transcripción que están a punto de leer realicé la corrección de ese pequeñísimo detalle, es por ello que ya no es una transcripción fiel del audio. Es de esta misma manera que toda la información contenida en este espacio, en Conciencia Química, que especialmente provenga de la transcripción de audios de algún sitio web la transcribiré haciendo correcciones donde sea necesario, y que por supuesto para no entrar en controversia en cuanto cuál es lo correcto (si lo que está escrito o lo que se dice en el audio) les haré saber, como en este momento este tipo de detalles que son importantes para facilitar el entendimiento de cada tema.

Continuemos con la lectura de la transcripción:

 

VALENCIA

Objetivos a estudiar:

* Valencia y órbita de valencia:

* Tendencia de un átomo a completar su configuración de octeto.

* Cálculo de la valencia de un átomo y un ión.

Valencia y órbita de valencia.

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De acuerdo con Niels Bohr, los electrones de un átomo se configuran en una región alrededor del núcleo denominada niveles de energía, órbitas o capas. Estas órbitas se representan por letras tales como K, L, M o por números; 1, 2, 3 y así sucesivamente. El número de electrones presentes en la órbita más extrema se conoce como electrones de valencia y la órbita más extrema recibe el nombre de órbita de valencia. El número máximo de electrones que pueden alojarse en la órbita más extrema es de ocho. Se dice que los elementos con una órbita extrema totalmente completa que contienen ocho electrones poseen una configuración de octeto, tales elementos no se combinan con otros elementos fácilmente y por lo tanto muestran muy poca reactividad, como consecuencia se sostiene que presentan capacidades de combinación cero.

valenciaPor otra parte los elementos con órbitas de valencia incompleta poseen una tendencia a

completar su configuración de octeto combinándose con átomos del mismo o diferente tipo.

Se denomina valencia a esta capacidad de un átomo de combinarse con otro átomo.

Tendencia de un átomo a completar su configuración de octeto.

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Los elementos se combinan con otros elementos perdiendo, obteniendo o compartiendo sus electrones. Por ejemplo la configuración electrónica del

Sodio (Na) es: 2, 8, 1 y

la del Cloro (Cl) es: 2, 8, 7

Para el sodio es más sencillo perder un electrón que ganar siete electrones para completar su octeto, mientras que el cloro acepta con facilidad un electrón para completar su octeto en vez de perder siete electrones. Por lo tanto el sodio como el cloro tienen una valencia de uno, ya que su capacidad de combinación es uno.

regla del octeto

Por otra parte considere dos átomos de cloro con una configuración electrónica: 2, 8, 7, que se aproximan. Como se puede observar, cada átomo de cloro necesita un electrón para completar su octeto, en este caso, ambos átomos de cloro comparten un electrón cada uno, en vez de ganar o perder electrones. Por lo tanto, la valencia de ambos átomos de cloro en una molécula de cloro es uno, dado que su capacidad de combinación es uno.

Por lo tanto, el número de electrones obtenidos, perdidos o compartidos para completar el octeto nos da una referencia directa acerca de la capacidad de combinación del elemento, osea, su valencia.

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Cálculo de la valencia de un átomo.

 Calculemos ahora la valencia de un átomo.

 

En primer lugar estudiaremos los elementos que poseen más de cuatro electrones de valencia.

Considere un átomo de flúor con un número atómico nueve  y una configuración electrónica de: 2, 7. El flúor posee a consecuencia siete electrones de valencia. El número de electrones de valencia se restan, sustráen de ocho a fín de calcular su valencia. Por lo tanto la valencia del flúor es uno.

Para un átomo de oxígeno con número atómico ocho y una configuración electrónica de 2, 6, su valencia se obtiene sustrayendo seis de ocho, por lo que sería dos.

Ahora estudiaremos los átomos que poseen menos de cuatro electrones de valencia.

Considere un átomo de sodio (Na)  con un número electrónico once. Posee una configuración electrónica de: 2, 8, 1, por lo tanto el sodio posee un electrón de valencia. Para estos átomos sus valencias son iguales a los electrones de valencia, es así que el sodio muestra una valencia de uno.
Debe por tanto descartarse que la valencia tanto del sodio como del flúor es uno. Sin embargo, a fín de completar sus octetos, el sodio pierde un electrón mientras que el flúor gana un electrón. Por lo tanto se considera la valencia del sodio como positiva mientras que la valencia del flúor es negativa.

Cálculo de la valencia de un ión.

 Observemos cómo se calcula la valencia de los iones.

 

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En el caso de los iones sus valencias son iguales a las cargas que transportan y se expresan por medio de los correspondientes signos.

Se denominan iones a las especies que transportan cargas positivas o negativas.

Aquellas que transportan cargas negativas (positivas) se denominan cationes. Algunos cationes simples son: Na +, Cu 2+, Al 3+, etcétera. Por lo que poseen valencias de +1, +2, +3 respectivamente.

Se denomina aniones a las especies que transportan cargas negativas. Son ejemplos de aniones Cl-, O-2, etcétera, que muestran valencias de -1 y -2 respectivamente.

Existe además un grupo de átomos que poseen una carga conocida como ion poliatómico. Por ejemplo, NH4+, SO4 -2, PO4 -3, etcétera. Estos exhiben valencias de +1, -2 y -3 respectivamente.

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RESUMEN

 

Hemos estudiado que:

El conjunto de electrones presentes en la órbita más extrema se conoce como electrones de valencia y la órbita más extrema recibe el nombre de órbita de valencia.

El número máximo de electrones que pueden alojarse en la órbita más extrema es de ocho.

Los elementos con órbitas de valencia incompletas poseen la tendencia a completar su configuración de octeto perdiendo, obteniendo o compartiendo sus electrones.

Se denomina valencia a esta capacidad de un átomo de combinarse con otro átomo.