Nuestra vida es la esperanza de un Ambiente Sano

Reciclar es decirle a nuestro Mundo cuánto lo Amamos.

 

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¿Te has puesto a pensar que la cantidad de desperdicios, deshechos o basura crece a medida que aumenta la cantidad de consumo de los productos de los que se deriva?, ¿Te has puesto a pensar cuál es el destino final de todo lo que tiramos a la basura?. O si no, simplemente, antes de tirar lo que estés a punto de llevar a la basura pregúntale a eso ¿cuál será tu destino final? y ¿cuánto tiempo transcurrirá para eso?, y si no  te contesta es porque la respuesta está en tus manos.

Recuerdo que mi maestro de Química de tercer grado de secundaria, en una clase en particular, recién acabado todo el grupo de acomodarnos en nuestros mesabancos; paseaba su mirada muy seria y serenamente de forma fija alrededor de todo el grupo, y en un de repente señaló con su dedo índice azarosa y directamente a alguno de nosotros diciéndole: ¡Tú!, ¡siiií!… tú!, ¡tu contaminas! y … ¡también tú! (señalando a otro) y tú! (señalando a alguien más) y tú! (otro compañero) y tú también! (creo que me señaló a mí), hasta que finalmente nos reíamos todos por su manera tan singular, sorprendente y cómica de iniciar con el tema de la clase, ¿ya se imaginan cuál?, así es… precisamente el de la contaminación del medio ambiente. Solemos prestarle poca o nula importancia a nuestros actos debido a nuestra creencia falsa de que no dañamos o no influimos de forma drástica con nuestros hábitos en el destino que le damos a lo que ya no utilizamos y con ello descuidar el medio que permite que la misma existencia humana sea un hecho satisfactorio y armonioso. Sinceramente esa afirmación de mi respetado y admirado maestro me sorprendió porque yo sentía que hasta antes de ese momento, que yo era una persona educada en ese aspecto, reflejándose con el cuidado que tenía en colocar la basura en su lugar, comprendí que sin lugar a dudas yo misma soy un agente contaminante de por vida pues requiero de la utilidad de todo, sino es que en su mayoría lo que hasta ese momento el maestro nos invitó a reflexionar comenzando de la siguiente manera:

Ustedes jóvenes, cuando se levantan por la mañana antes de venir a la escuela, ¿qué hacen? – Y comenzamos a participar con nuestras variadas experiencias:

Voy al baño – contestamos la mayoría.

Y después qué hacen? – Preguntaba el maestro. Bueno, sea lo que sea que hagan le bajan al baño y ¿adivinan qué pasa?, ya con eso están contaminando, esa agua en un principio estaba limpia pero después de dejarla ir se irá a por la tubería del drenaje para acumularse con otra que es de la misma naturaleza que la que dejaron ir.

Y después qué más hacen? – Preguntó el maestro.

Nos bañamos- dijimos la mayoría.

¡¡¡Muy bien!!! – comentó el maestro. Y cuando se bañan utilizan nuevamente agua limpia que una vez que terminen de bañarse esa agua se irá mezclada con jabón y shampoo. Que en pocas palabras con ello están contribuyendo a más contaminación.

Y continuó diciendo:

Después desayunan, quizá se preparen un cereal con leche, suponiendo que encuentran la última ración de cereal en la bolsa, después de servirse el cereal tiran esa bolsa colocándola en un contenedor de basura, y con esto más contaminación.

Proceden después de terminar su desayuno a lavarse los dientes y ¿qué hacen?. Toman un vaso, lo llenan de agua, le ponen pasta de dientes a su cepillo y empiezan a cepillarse. Tiran los enjuagues y … más contaminación para el ambiente.

Se acuerdan de ponerse crema hidratante pero como ya está por acabarse después de intentar extraer todo lo que posible para utilizar hasta la última gota tiran el envase y con ello más contaminación para el ambiente.

Se acuerdan de llevar una manzana para media mañana, la envuelven en una servilleta y una bolsita de plástico, cuando llega la hora de comérsela tiran lo que no les gustó de la inocente manzana y además agregan a las  acompañantes, es decir, la servilleta y la bolsita transparente de plástico. Con esto ¡¡¡más contaminación!!!

Van apurados para tomar el transporte que los llevará a la escuela, y éste durante todo el trayecto observaste que tiraba mucho humo, y claramente es otra evidencia más en la que contaminamos el ambiente.

Llegamos directo a nuestra escuela, cruzamos la calle, entramos al salón y hacemos algún ejercicio en clase, te equivocaste y decides quitar la hoja de tu cuaderno, aprovechas la oportunidad no para reflexionar qué pasará con esa hoja sino para hacerla bolita y tirarla como si fuera una pelota de basket ball hacia el contenedor de basura que ves a primera instancia. Está bien, te divertirte sin tener hasta ese momento la suficiente conciencia, de que no has dejado de contaminar más el ambiente.

Al observar todo estas acciones, podemos reflexionar cuántas acciones realizamos momento a momento sin visionar la trascendencia de ellos a corto, mediano y largo plazo. Aquí cabe de forma atinada la Ley de Lavoisier que es la Ley de conservación de la masa: “La materia no se crea ni se destruye solo se transforma”, de ahí que estemos completamente convencidos de que eso que hemos tirado no se va a destruír por sí solo en la mayoría de los casos sino que los seres humanos tenemos qué transformar lo que así se requiera, enfocándonos en investigar las formas en que es posible y necesario ayudar a transformarlo con el objeto de obtener una nueva materia prima (es decir, obtener aquello que le dió origen a ese producto que ha sido utilizado) o con el fin de que ese producto que consideramos ya no nos sirve pueda tener un nuevo uso, diferente al que fué fabricado, ofreciéndole a este material un nuevo ciclo de vida. Este proceso al que me refiero ya lo hemos escuchado con anterioridad, me refiero al proceso de reciclaje.

El reciclaje tiene tantos y tantos beneficios en todos los sentidos, de tal forma de que pasamos de ser agentes contaminantes a ser agentes reconstructores de la vida planetaria, y automáticamente ese acto basado en la conciencia de la trascendencia del resultado de nuestros actos le dice al Universo, al Planeta Tierra lo siguiente:

“Planeta, tu que eres mi mundo, mi lugar sagrado, ¡¡¡TE AMO!!!, y por ello te ayudo tanto como me has ayudado a permitir ser parte de ti, disfrutando todo lo que hasta hoy disfruto y festejo!!!.

Hagamos del reciclaje un estilo de vida. ¡¡¡Qué maravilla!!!.